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Pepe Beviá: "Una de las dificultades de la lucha contra la corrupción es que hoy los más capacitados huyen de la política"

A los 14 años ya daba clases de latín en sendas academias de Alicante y San Vicente y a los 83 sigue haciendo del mundo clásico una de sus grandes pasiones a través de su clases en la Universidad Permanente de Alicante. En medio, casi setenta años, dos pasiones, dos venenos, la enseñanza y la política. Es Pepe Beviá, profesor y político, hombre que ha dejado una profunda huella allá donde ha estado. Aquí, en esta larga y relajada entrevista, tratamos de seguir los pasos de esta singladura.

MAYMECO (*)

Pepe, tu recorrido vital está cruzado por dos líneas básicamente, una la enseñanza y otra la política. Empecemos por la primera de ellas…

Bueno, he de decir que yo jamás pensé en la política. ¡Jamás! Y empecé a dar clases a los trece o catorce años. Yo estudiaba bachillerato con una bequita que en los años cuarenta y tantos, cuarenta y cinco al cincuenta, daba el propio Instituto y eso, bueno, fue gracias al portero de nuestra casa, que mi padre ya tenía bastante preocupación con darnos de comer.

Hablamos de los años…

Sí. En San Vicente. Hablamos de los años cuarenta, una familia como la nuestra que había tenido antes, durante la República y antes, un comercio próspero pero que después por no ser afectos al régimen todo aquello que vendía le fue prohibido.

Tiempos duros y difíciles...

Sí. Yo he visto a mi padre ahí, con higos y con almendras y una maquinita de esas de hacer pan de higo para poder sobrevivir; o cambiar la harina por salvado para tener comida para los animales porque no le permitían vender la harina.

-Pero tu, como has comentado, sí lograste estudiar, incluso ir a la universidad…

Yo estudio bachillerato entonces gracias a esa beca que os decía. Y tuve grandes profesores en el Instituto. En matemáticas tuve uno que era muy bueno pero que no se le entendía nada, pero nada. Parecía que hablaba con la boca llena de gachas. Entonces, yo pensé que había que reforzar las notas,  y pensé que había que reforzar las matemáticas. Y un verano fui a la academia de Juan Giner para que me tomara en serio las matemáticas y cuando llegó septiembre, le dije: Don Juan yo ya no puedo seguir, porque ahora ya están los gastos del tranvía, de la academia, del Instituto, de los libros y no puedo seguir viniendo. Y entonces él me dijo: bueno, vamos a llegar a un acuerdo, tú vienes a clase de matemáticas gratis, y das a cambio de eso latín a los de primero, que creo había desde primero a séptimo.

¡A los 14 haciendo de profesor!

O sea que a los catorce años que debía tener entonces ya estaba metido en la enseñanza. Y también había un maestro en San Vicente que había estado expulsado del cuerpo de Magisterio y tenía clases particulares en su casa, preparaba alumnos libres, porque entonces la vía de alumnado libre era enorme, y entonces él también me dijo: ¿Me puedes dar latín? Y le di latín también a él. Así fue como empecé a dar clases a los catorce años.

Y de ahí, ya un sin parar…

Y ahí cogí el venenillo, el veneno de dos cosas: uno, de la enseñanza y otro del mundo clásico. Del mundo clásico porque tuve dos profesores, bueno tres, que dejaron mucha huella. Uno fue Don Juan Ginés, que era un gran pedagogo, el mejor pedagogo que he conocido y que daba latín; otro, Don Ángel Casado, que daba griego, un magnífico profesor de griego; y después uno que explicaba filosofía, que era Don Fernando Puig.

Lo importante que es siempre tener buenos maestros…

Pues sí… Fernando Puig que, durante una serie de años uno de sus hijos escribía chistes, Fernando Puig que se llamaba también. Y ese Fernando Puig, bueno, era la pura atracción por el mundo de las letras y en segundo lugar por el mundo clásico.

Y luego a la Universidad…

Pude estudiar en la Universidad y me fui a Madrid por una razón, porque conseguí una beca de la Diputación. Una beca que de la misma manera que cuando uno se matriculaba en la Universidad y que obligatoriamente tenías que pagar la cuota del SEU (Servicio Español Universitario), lo mismo para que me dieran la beca tuve que firmar un papel diciendo que era adicto al Movimiento. Y si no, no hubiera tenido una beca de la Diputación. Y con esa beca de ocho mil pesetas al año, pues entonces no se estaba mal con ocho mil pesetas, yo me pagaba pues casi todo el curso. Luego completaba con alguna cosa que daba a los de pedagogía, los maestros podían pasarse a Pedagogía con un curso de adaptación y tenían que dar latín.

Y de la universidad a catedrático en Vigo y llegada a Alicante…

Después, en el año sesenta, saqué la cátedra de Vigo y al venir a Alicante, en el sesenta y tres, fue cuando se desdobló el instituto único que había, el Instituto Jorge Juan, en masculino y femenino; entonces yo llegué el primero y me cayó ser director del Instituto que entonces se llamaba femenino y que es el actual Miguel Hernández.

¿Un instituto fantasma?

Y en ese Instituto, era muy curioso, porque me nombraron director y dije: ¿Dónde está el Instituto? Y no había Instituto. ¿Y dónde tengo que dar las clases? No había.  Menos mal que por mi vinculación al Jorge Juan les pedí por favor que en ese ala que están las chicas, porque  era mixto pero no era mixto, había como un muro de Berlín entre jóvenes  chicos y chicas, les dije permitidme que ponga un cartelito allí arriba que diga “Instituto Femenino”. Y gracias a aquello... Pero nadie se preocupó de que tuviera local yo. Ésa es la realidad.

Hablas del Instituto Femenino, en un tiempo en el que muchos padres y madres no estaban porque sus hijas estudiasen.

Pues verás. Para mi fue el Instituto Femenino el que me sensibilizó especialmente por el problema de la enseñanza para las chicas, para las mujeres ¿no? Porque tuve que lidiar con algunos padres de alumnas extraordinarias que llegaban después a bachillerato Elemental y Superior y llamaba al padre y le preguntaba: ¿Qué quiere hacer usted con su hija? Y me decían: mi hija no puede seguir estudiando. ¿Por qué? Porque está su hermano y su hermano es el que tiene que seguir estudiando; yo no puedo pagar dos carreras. Y había que romperse metafóricamente los cuernos para conseguir que aquel padre permitiera que su hija siguiera adelante.

La vocación era la enseñanza, pero la política ya estaba ahí asomando…

Quiero decir con todo esto que mi vocación en aquel tiempo es la enseñanza y no la política. En el año setenta y cinco y siguientes, estaba, había, el Partido Socialista del País Valenciano, que entonces no estaba integrado en el PSOE, estamos hablando de los años 69, 70, 71, 72…,  había una creación de partido y donde había una separación entre personas afines y personas militantes, y todos nos reuníamos juntos, yo no era militante pero era afín. Y de vez en cuanto venía de Valencia Viçens Ventura y nos reunía a todos -éramos diez o doce entre Alicante y Elx-. Y había entonces una cosa que a mí me llamaba la atención: ¿Cómo puede ser que yo, que soy catedrático de Filología básica o lo que sea, sea analfabeto en mi lengua? Y por esa parte fue por donde  yo creo empecé a interesarme en la política.

El valenciano, el valor de la lengua materna...

En realidad fue ahí cuando yo empecé a conocer el mundo.  Y además, tenía un sentido muy especial para mí. Yo entonces, y aún ahora, en estos días, digo lluvia y sé lo que significa, pero si digo plutjaes otra cosa. Sé también lo que significa pero como que te remueve dentro de ti como una serie de sensaciones que no te da la otra lengua. Y es verdad que después por mi historia, eso de que uno se hace por la cultura, pues mi cultura ha sido fundamentalmente castellana, porque en todas partes he hablado castellano y yo me expreso ahora más fácilmente en castellano que en valenciano y para mí me es más fácil dar una clase en castellano que en valenciano.

Fue, por lo que dices, como despertar de un sueño…

Ahí despertó algo dentro de mí, sí. Es decir, a mi alguien me había engañado, no me había permitido tener una mínima formación en la lengua con la que yo me abrí al mundo y conocí el mundo.

Sigamos en el terreno político, pero antes de eso, en 1966, ya habías sido concejal. ¿C,do Comunista pero eraía...amigoñores no estaban porque sus hisjas ómo fue aquello?

Eso, por una parte, y con anterioridad es verdad que en ese periodo de tiempo, en el sesenta y seis yo fui concejal de Alicante con un Ayuntamiento franquista. ¿Cuales fueron los motivos? No era una intencionalidad política la mía. Los motivos eran, por una parte el momento en que había un cierto diálogo e intrusismo de los sectores, por ejemplo, de algunos sindicatos, y ahí Vicente Peris, que coincidí con él  pues entró  gracias a los sindicatos. Él era un trabajador del periódico Información.

¿Vicente Peris?

Sí. Era linotipista. Pues era un hombre muy comprometido. No era del Partido Comunista pero era íntimo de Antonio Díaz, de Pepe Díaz,  y como hubo un cierto intrusismo yo pensé: ¿Qué se puede hacer? Pues hacer algo por la educación. Yo estaba entonces, en el sesenta y seis, era el año que inauguramos el nuevo edificio del Instituto Femenino, y entonces yo estaba empeñado en conseguir lo más que se pudiera para ellas, para la enseñanza, para la enseñanza para las chicas, y en segundo lugar en general para la educación.

¿O sea, que tu trabajo de entonces en el Ayuntamiento estuvo centrado en la educación?

Un poco sí. Recuerdo que en una ocasión me dije que era imprescindible montar una escuela en los alrededores del cementerio porque había allí un bloque de personas marginales y el interventor de entonces, que era una buena persona, me dijo: no puede ser. ¿Por qué? Porque en el Plan General de Urbanismo de Alicante, o lo que hubiera entonces, no cuenta que ahí hay esas familias y por lo tanto no hay nadie. ¿Cómo que no hay nadie? ¿Qué pasa?... Al final se montó. Eso sí, prefabricado, así que soy de los promotores, por desgracia, no había otra, de las escuelas prefabricadas. Y conseguí una para ahí, otra para El Moralet. De todas maneras ¿Aquello  sirvió para mucho? Pues no.

Tras este primer contacto con la política, llegó tu desembarco de verdad…

Eso fue en el setenta y cinco y después, en el setenta y siete, año de las primeras elecciones, vino Ernest Lluch, del PSC, con Eduardo Ranz y nos reunimos en casa de Eduardo Ranz   y, seguramente, por indicación de éste me propusieron presentarme al Senado. Dijeron que era como una obligación en aquellos momentos de participar. Llegaron a un acuerdo entre el Partido Socialista, el Partido Comunista y la UCD, para que en Senado hubiera uno del PSOE, un independiente próximo al PSOE, o un miembro del PSOE, un independiente próximo al Partido Comunista y uno de la UCD. Y el nombre que apareció era uno de Alcoy, no me acuerdo como se llamaba ahora, muy conocido en Alcoy, pero hubo un movimiento desde la propia Universidad, una serie de personas que propusieron incumplir en Alicante ese acuerdo, hubo unas páginas en Información, peleas y entonces en la lista esa conjunta que se llamaba Unidad Socialista, pues ahí me metí en política.

Y saliste. Pero aquello parecía que iba a ser poco tiempo…

Así es. Yo pensaba que mi participación en la política debía de ser un gesto y que duraría un año. Me imaginaba que aquello debía durar poco porque aunque no se habían convocado esas primeras elecciones como unas constituyentes, como una legislatura constituyente, sin embargo éramos conscientes todos que ahí se iba a tratar de elaborar una Constitución. Y bueno, se elaboró la Constitución. Después se disolvería la Cámara y ya se encargarán otros.

Pero no fue así…

Claro, mi experiencia en el Senado fue curiosa, porque cuando yo pregunté a los que allí estaban: ¿bueno, y esto del Senado, qué es? Y me dijeron: nadie lo sabe, porque el último Senado que hubo lo disolvió Primo de Rivera en el año veintitrés, y cuando en la República se establece la democracia, después de Primo de Rivera,  se constituye una sola Cámara que es el Congreso de los Diputados, y no había  Senado. O sea, que desde el año veintitrés hasta el año setenta y siete no hay Senado. Y allí nadie sabía qué había que hacer. Y, entonces, cuando llega el setenta y nueve, ya se ha aprobado la Constitución y se convocan nuevas elecciones me dicen: tú tienes que repetir porque eres de los pocos que sabe qué es esto del Senado. 

Y no supiste/pudiste decir que no…

La verdad es que  el Senado constituyente no tiene nada que ver con el Senado de una legislatura o dos legislaturas después  Y sí, seguí yo ahí. Bueno, me dije, vamos a aceptar esa responsabilidad. Y después ya la política te envenena,

El veneno de la política del que todos hablan…

Te envenena, te envenena. Y cuando termina esa segunda, legislatura, que es en realidad la primera, porque la anterior se llamaba constituyente, la del setenta y siete, en el setenta y nueve empieza esa primera legislatura y ya me designan como secretario general adjunto del Grupo Socialista.

Fue como tu primer gran ascenso…

Entonces ya no era solo intervenir, porque, claro, había que intervenir, si no que se trataba de coordinar al Grupo Parlamentario y distribuir el trabajo de unos y de otros ¿no?

Suma y sigue: y del Senado al Congreso...

Entonces llega el año ochenta y dos, el año después del golpe de Estado del ochenta del 23F de 1981, y me dicen: creemos que debes de hacer más papel en el Congreso. Hombre, me dije, la vida parlamentaria desde otro ángulo ¿no?. Y entonces, pues acepté. Y ya estaba allí metido. Tuve cuatro años de lo que se llamaría diputado de base donde fui ponente de la primera Ley de Educación socialista,  de la LODE (Ley Orgánica del Derecho a la Educación), del ministro Maravall, culpable de que yo fumara hasta aquellos tres paquetes de Ducados que me fumaba cada día y me pasara a los puros. Todos los días, durante la tramitación de la LODE, nos reuníamos con el ministro para ver si aceptábamos una enmienda o no, y después de comer sacaba unos puros increíbles; y, claro, esto era una faena.

Tiempo de tabaco… y de puros.

Y así fue como me dije vamos a llegar a un pacto con uno mismo: dejo los cigarrillos, pero después de comer fumo un puro. Así lo hice durante un año, no llegaría a tanto, pasé de uno a dos, de dos a cinco y de cinco a doce. La misma cantidad de tabaco que fumaba en cigarrillos me lo fumé en puros. Hasta las elecciones del noventa y tres que fue cuando cogí un catarro impresionante y era empezar un mitin y empezar a toser y a toser, y entonces me entró un poco de cordura  y dije se ha acabado: ya no fumo más. Y ya no fumo desde el año noventa y tres. Es verdad que he ido probando, aspirando unas cosas, de esas que te dan los médicos pero desde hace veintitantos años que yo no he fumado nada.

Sigamos con el trabajo en el Congreso…

Lo cierto, como os comentaba, es que paso al Congreso y estoy la primera legislatura trabajando de portavoz de un par de leyes, concretamente la Ley de Patrimonio Histórico y la Ley de Educación, la LODE.

¿Y repites en el 86?  

 Si. En el ochenta y seis con la remodelación del grupo parlamentario del Congreso, se nombra presidente del grupo parlamentario a Eduardo Martín Toval y  me pide que sea secretario general con él del grupo parlamentario. Y entonces, eso para mí sí fue muy atractivo. Cada viernes me venía a Alicante con todas las propuestas que a la semana siguiente tenían que ser votadas tanto en Pleno como en Comisión, de la Comisión de Agricultura, de Economía, de lo que sea, de lo que fuera. Y yo tenía que llegar el lunes haciendo una propuesta sobre si se acepta, se dice que no o hay que enmendar una propuesta.

Esa es, de algún modo, la trastienda de cómo se hacen las leyes…

Pero yo, la verdad, no sabía ni de economía, ni de agricultura, ni de pesca, ni de todo eso, pero a pesar de eso pronto vi que lo que había que hacer es aplicar el sentido común. Cada ley tenía varios informes y yo leía un informe y pensaba esto no tiene ni pies ni cabeza, entonces ni caso. De este otro, esto parece sensato, yo me lo estudiaba y en función de eso decidía: yo creo que hay que rechazarlo, yo creo que se puede aceptar, yo creo que se puede enmendar en este tipo de acuerdo con los diversos informes que yo recibía de todas y cada una de las comisiones que tenían temas que iban a ser votados a la semana siguiente.

Fue como un mundo nuevo, una escuela de la política…

Para mí fue de un enriquecimiento tremendo, y aprendí muchísimo. Llegaba el lunes y le explicaba a Martín Toval si estaba de acuerdo o no. Nos íbamos a hablar con Virgilio  Zapatero, que era ministro de Relaciones con las Cortes, lo discutíamos con él, y por la tarde con todos los portavoces del grupo, y al día siguiente a exponerlo ante el conjunto de todos los diputados socialistas.

Y así llegamos al año noventa y tres, la crisis, el paro, la corrupción y todo eso….

El año noventa y tres se producen en el Partido, sin que asomen públicamente cada día, unas discrepancias mayores entre Felipe González y Alfonso Guerra, que era prácticamente quien había estado más en contacto con el grupo parlamentario. Felipe González tenía el apoyo fundamental  del país  pero el organizador del grupo parlamentario era Alfonso Guerra. Bien, entonces, cuando llega el año noventa y tres Felipe González decide acabar con la huella de Alfonso Guerra en el Congreso, cambia la dirección  del grupo y es entonces cuando a mi viene Félix Pons, que es presidente del Congreso, y me dice: yo quiero que te vengas conmigo de vicepresidente.

Un legislatura muy complicada aquella...

Ser vicepresidente del Congreso, vicepresidente primero, claro, uno ve que cuando va Felipe González quien preside es Félix Pons, cuando viene un debate con un ministro muy especial igual, pero al resto del debate normalmente presidente y vicepresidente primero se van turnando. Y yo estaba allí como moderador en aquella legislatura que fue terrible, la legislatura del noventa y tres al noventa y seis.

Ya con la figura de José María Aznar muy presente…

José María Aznar pensaba que en el año noventa y tres iba a ganar, y perdió por muy poca diferencia. Entonces el PP entraba allí como un tanque. Yo me acuerdo que alguna de las veces, sobretodo una, me vi  muy apurado ¿Por qué? Con un pretexto, por detrás, a espaldas del hemiciclo, había entonces, hay ahora creo, un pequeño bar pero se consideraba que formaba parte del hemiciclo, por lo tanto, un diputado podía estar ahí arriba, tocaba la campana y a lo mejor entraba un minuto después de que cerraran las puertas, pero esa no. Y había una diputada, una diputada catalana  que desde luego era muy nerviosa y una vez entró y entonces se produjo la votación y entonces el PP se opuso y dijo que la votación no era válida porque la señora se había incorporado cuando ya se había hecho la votación. Entonces Rosa Aguilar, que estaba de diputada también y portavoz de Izquierda Unida, se levantó y me armó el pitote mayor del mundo ¿no? Y bueno, yo no quise cambiar la votación. Eso de repetir la votación era un mal precedente y después ya he visto que se ha repetido muchas veces, pero entonces no. Se ha votado. Mire usted yo me he equivocado, lo siento, pero no se hubiera equivocado ¿verdad? Y entonces, como digo, en esa legislatura también aprendí mucho del ejercicio de la moderación.

Una buena academia aquella de ser vicepresidente…

Me acuerdo que cuando en el año dos mil ya me había  incorporado al Instituto me dicen: Oye, Pepe, ten cuidado que éstos no son los alumnos que tú dejaste en el año setenta y siete. Y yo les dije: hombre si yo que he sido capaz de lidiar a trescientos cincuenta, incluidos los míos que son los más terribles de todos, imagino que aquí, a estos treinta o cuarenta del aula, por mucho que hayan cambiado los lidiaré.

¿Cómo recuerdas el momento del adiós? ¿Te fuiste o  te echaron?

El día que terminé, bueno el día que me echaron, había un un diputado socialista valenciano -Cipriá Ciscar- que me dijo sin que yo le preguntase nada: Pepe, ten la seguridad de que tú sigues de diputado. En ese momento yo ya sabía que no iba a seguir.

¿Qué recuerdas de aquella fecha?

Yo termino con el PP, de vicepresidente cuarto, cuando gobernaba Trillo como presidente del Congreso, y termino exactamente el 4 de Abril del 2000 porque la Mesa no se disuelve cuando se disuelven las Cámaras, sino que se disuelve exactamente en el momento que toma posesión la nueva Mesa y entonces se disolvía el cuatro y el día cinco de Abril yo ya estaba entrando en clase , eh, estaba entrando.

Los primeros alumnos, los primeros días…

Me incorporé mientras se estaba constituyendo la nueva Legislatura. Yo estaba entrando en bachillerato, con aquellos alumnos que me habían advertido ¡Ojo, que me podían comer!, Bueno pues algún tropiezo si que tuve  pero no muy grande. Y recuerdo que la verdad es que lo pude llevar bien.

¿Y por qué decides volver a las clases con 66 años?

Para mí la educación no es veneno, la educación es mi vocación. Una cosa es la vocación, aquello que uno  ha pensado siempre que le gustaría ser, aquello que le gustaría hacer en el mundo, y otra la política. Y es cierto que esta hizo que durante un tiempo me interesara por cosas que jamás se te habría ocurrido interesarte, por ese veneno que te van poniendo como señuelo y del que hemos hablado, pero en último término cuando yo termino en el Congreso es el año 2000 -nací en el treinta y tres y aún no habría cumplido los sesenta y siete, la jubilación era a los sesenta y cinco, pero entonces uno podía solicitar continuar hasta los setenta- y estando todavía en el Congreso, antes de que Cipriano Ciscar me asegurara que iba a seguir, yo ya había solicitado la ampliación hasta los setenta. O sea, que yo siempre he tenido presente que no quería jubilarme de político, que quería jubilarme en aquello que ha sido mi vocación.

Sigamos en el terreno educativo. ¿Qué nos pasa como país y cómo sociedad con la educación?

Pues sí, nos pasa como país que la educación es un tema clave para el desarrollo, para el progreso. La educación para mí es un elemento clave para hacer que este sea un país europeo, abierto, tolerante, que cambie el enfrentamiento por el dialogo, por la tolerancia. Y ante eso hay dos actitudes: una actitud sostenida por unas fuerzas fundamentalmente económicas y políticas conservadoras y, en muchos casos, reaccionarias, y otra que tienden a procurar los avances.

Y así parece imposible el acuerdo, a cada nuevo gobierno nueva ley educativa…

Si, sí… Yo me acuerdo que cuando la LODE, esa Ley del Derecho a la Educación que os hablaba antes, la ley se llamaba el derecho a la educación y que era el desarrollo del artículo, si no recuerdo mal, el 27 de la Constitución, el derecho a la educación, una educación igualitaria ¿no?, y entonces hubo -me acuerdo bien- todas las manifestaciones imaginables, de colegios, de curas, de monjas, y de la UCD de entonces. Eso era terrible. El pobre Maravall entonces debió sudar sangre, sudor y lágrimas. Y este, pienso, es el elemento central, que ante la vida hay dos actitudes: la actitud de que las cosas están bien y que no se modifiquen y otra que las quiere modificar.

¿Demasiados intereses en juego, quizás?

Bueno. Pero una cosa es que no se modifique el sistema ferroviario y otra cosa es que no se modifique la personalidad de los españoles. Españoles que no quieren se modifique nada y otros que sí, olvidando que la nación, la patria, no es más que la suma de los españoles. Es curioso recordar cómo la Constitución del año 1812, en su primer artículo dice: la Nación española está constituida por el conjunto de españoles de uno y otro hemisferio. Entonces, desde Filipinas hasta tal, son los españoles. Y para que esa nación prospere, para que alguien pueda estar orgulloso de su patria, tiene que hacer que el conjunto de los ciudadanos, efectivamente, tengan posibilidades iguales. Si no, al menos, el derecho de poder desarrollarse.   

¿Pero hubo un ministro de Zapatero, Ángel Gabilondo, que estuvo cerca de lograrlo?

Yo creo que lo que hizo el último ministro de Educación del gobierno Zapatero, Ángel Gabilondo, fue un intento serio de poder lograr ese acuerdo. Pero claro, el PP pensaba que iba a ganar y ganó con Rajoy y por lo tanto pensó que la ley la hago yo, la hago yo, y además tengo mayoría absoluta. Y la hizo -la LOMCE- a espaldas de todo y de todos.

Una ley contra todos y que ahonda el déficit de las humanidades, una ley segregadora y volcada con las asignaturas más técnicas. ¿Tiene eso vuelta atrás?

Yo creo que habrá, tendrá que haber a la fuerza, más adelante. Ahora no. Ahora todo es ciencia aplicada ¿no?, la informática y todo eso. Pero eso es un arma también política extraordinaria, un arma que sirve también para controlar a la gente. A mí me asombra ver a una pareja joven que podrían estar, yo que sé, cogidos de las manos, mirándose a los ojos, besándose o haciendo otras cosas, y ella y él están con el teléfono: y no se miran, y no comen y no hablan, están ahí… Es un sistema de alineación, de alineación y de control de la gente. Pero eso alguien, en algún momento, tendrá que cambiarlo.

¿Quieres decir que puede haber un momento en que esa realidad de dependencia de la tecnología que dibujas se replantee?

Momentos difíciles la humanidad los ha tenido siempre, y ahora yo creo que vivimos uno de ellos, pero confío en ella. Porque en esa confianza está un poco la confianza en el ser humano.

¿Qué opinas de quienes dicen que la enseñanza de hace 30-40-50 años era mejor que esta de la que hablamos ahora?

Decir que aquella enseñanza era mejor que la actual parte de unos presupuestos que no son ciertos. En aquella enseñanza, en aquella época, la enseñanza, incluso en los institutos, era una enseñanza para unos sectores determinados, no para toda la población. Cuando yo estudié bachillerato, es verdad que San Vicente no tenía más de cinco mil habitantes, pero estudiábamos el bachillerato cuatro. Y, salvo excepciones como la mía con la beca, esas cuatro familias venían de un sector económico potente. Había una clasificación muy rara, los económicamente muy potentes iban a la enseñanza ya privada, a los Maristas, a Jesús María las chicas, a los Salesianos, y los hijos de funcionarios y trabajadores de banca, que sería una clase media muy reducida, iban a los Institutos o a la Formación Profesional si no llegaba ahí. La Formación Profesional eran las Escuelas del Trabajo, y era para sectores muy determinados; y finalmente aquellos cuyos padres eran unos trabajadores sin más, pues se contentaban con la escuela primaria. Y ahí se acababa todo. Pero eso no era estudiar.

¿Cuándo empieza el cambio?

Después, es verdad que con los años sesenta empieza a cambiar todo, claro, con el Instituto femenino de entonces, el Miguel Hernández de hoy, que pasó de cuatrocientos alumnos, a tener que tener tres turnos de mil alumnos, turno de mañana, turno de tarde y turno de noche. Y el de mañana y de tarde cerca de mil cada uno.

Años sesenta dices…

Por entonces, años setenta, sucede que el trabajador o la trabajadora ya no es suficiente que sepan sumar y restar, si no que es necesario que aprendan más cosas, que aprendan algo más, porque la mano de obra que se necesita es una mano de obra más cualificada. Pero todavía aun así tenían ese acceso, el tipo de enseñanza se mantiene de aquella enseñanza restrictiva de los Institutos, la enseñanza que yo conocía más de los años cincuenta, era para, en cierto modo, para los sectores económicamente fuertes; o después en los años sesenta para aquellos sectores que pensaban que sus hijos tenían que ser más que ellos y por lo tanto les exigían.

Quieres decir que había como dos tipos de enseñanza…

Y sobre todo a partir de la LODE nos encontramos ahí con dos tipos de enseñanza. Una enseñanza en la cual ya el alumno estaba marcado, el alumno muy capaz, o el alumno de una determinada clase económica que mayoritariamente iba a la Formación Profesional. Y entonces lo que trae la LODE es el derecho de educación, una educación que tiene que ser igual para todos.

¿Y cómo se hizo ese cambio?, ¿cual fue el ejemplo a seguir?

Mira yo entonces, en aquella época, estudié en unas jornadas del Partido Socialista el sistema educativo de Finlandia, de Suecia, de Dinamarca, de Noruega, y todos tenían una enseñanza que llamaban comprensiva, y todos los alumnos estudiaban y supongo estudian lo mismo.  ¿Por qué en España no ha habido éxito, o no dio todo el éxito? Porque yo me acuerdo que la enseñanza única, esa enseñanza comprensiva, por ejemplo en Finlandia, o en Suecia, da igual, era decir: bueno, vamos a ver, todos los alumnos estudian lo mismo, estudian juntos, pero se reúnen, en determinado momento se reúnen el padre, el tutor, el propio alumno, y se le pregunta ¿Tú qué piensas hacer? Yo quiero ser ingeniero, bien; o yo quiero dedicarme a la floricultura, perfecto. Entonces, en función de eso tú vas a estudiar igual que el conjunto, en la misma aula con otro compañero, pero aquí va a haber matemáticas A, B, y C. Si tú quieres ser ingeniero no tienes más remedio que estudiar matemáticas A, y matemáticas B o matemáticas C si a ti lo que te preocupa es la floricultura. Y entonces, claro, eso es muy caro. Después la educación física, todos juntos; la otra, todos juntos; tienen habilidad para dibujar, pues todos juntos. Pero para matemáticas el que quiere floricultura le ponen el nivel C, pero eso es gasto, tienen que tener un profesor de matemáticas para el A, otro para el B, y en España, el fallo del Partido Socialista en aquel momento fue hacer una Ley magnífica, la Ley del Derecho a la Educación, contestada, repito, por obispos, curas, frailes, monjas, padres de alumnos, pero el fallo fue no darle una financiación suficiente.

Y, además, se  abrió la puerta a la concertada…

Sobre esto yo tengo una experiencia en mi propia hija, Begoña, que vivía en el complejo Vistahermosa, y le venía cómoda, estaba separada, etc., le venía cómodo que su hija estudiara en Jesús María, y mi hija todos los meses tenía que pagar una mensualidad que decía: cotización voluntaria tanto y ella como era voluntaria no lo pagaba. Y cuando llegó a final de la ESO, ella fue a matricularla de Bachillerato y le dicen: no, no, no señora. De su hija estamos encantados con ella, saca unas notas magníficas, pero su hija para poder matricularse de Bachillerato tiene que pagar, no solamente la cuota voluntaria de estos años, sino de los últimos dos años que no la ha pagado. Pero ¿cómo? ¿la cuota voluntaria? Si, ¿De donde sale esa cuota voluntaria? Sí, porque en los años noventa los padres se pusieron de acuerdo para que se unificara no sé cuanto. Y tuvo que sacar a la niña de ahí porque ella se negó a pagar. Y eso le pasó a mi nieta.

¿Pero con esa ley el PSOE abrió la puerta a los conciertos y todo lo que vino después?

Es verdad que los socialistas hicieron, hicimos, unos conciertos,  pero tenían que ser exactamente las mismas condiciones, pero los propios padres pagaban a gusto esa cuota. Y si ven el miedo de que se matriculen a los moritos o los otros, si hay que pagar más se paga más, se paga más. Y ojalá se llegue a un acuerdo de una Ley de Educación común, permita quitar esos límites aunque va a ser muy difícil, yo creo que va a ser muy difícil.

Como profesor, ¿has visto alguna diferencia entre el Instituto y la Universidad Permanente?

Lo de la Universidad Permanente para un profesor es una perita en dulce. La gente que viene allí tiene un interés tremendo y muchos tienen una formación descomunal; y claro, eso en un regalo, para un profesor es un regalo, un regalo.

Además de esta gran asignatura pendiente de la educación, otra de las  grandes cuestiones sin resolver es la corrupción. Tras 40 años de democracia, ¿qué pasa con la corrupción, que la teníamos con Franco, la teníamos con el partido socialista y ahí sigue? ¿Hay solución?

Hombre, yo creo que pensar en una solución absoluta, no, porque el ser humano está ahí y tiene todo. Yo voy a contarte, a contaros, una anécdota, un chiste casi, que quien me lo contó decía y perdonad que tenga que hacer uso del término gitanos. El gitano que se acerca al señor y le dice: mire usted no vengo a que me dé vengo a que me diga dónde hay. Y hay políticos y políticos sinvergüenzas, y los hay políticos que están allí para servir pero hay otros que parece que solo dicen eso, ¿dónde hay?

Mala cosa esa…

Si, claro. Pues a través de la política si soy concejal, si soy diputado, si soy ministro, si soy no sé cuanto, ahí, ahí hay, pues me dedico a la política por eso. O sea que en la política hay políticos, políticas y sinvergüenzas. Por una parte eso. Con relación a la corrupción sucede que, efectivamente, en determinados momentos los partidos políticos por crecer han aceptado de todo y algunas veces, algunas veces, porque las leyes de financiación de los propios partidos políticos no son suficientemente claras. Y otras veces, todos los partidos políticos, todos, algunos más que otros, pero en este punto no voy yo a marcar mi línea ni nada, han tenido la tentación de aceptar determinada corrupción si le pagan un poco de financiación; pero una cosa es eso y otra es generalizarlo como el PP ha hecho.

Pero el problema es que parece que les cuesta  castigarla…

La financiación de los partidos políticos tendría que ser estudiada de una manera seria y cuando se infrinjan esas normas hay que castigarla con toda dureza. Y siempre puede salir ahí algún garbanzo negro, pero eso se puede reducir seguro, reducir y mucho.

Pero la pregunta es: ¿cómo y por qué?

Y luego hay otra cosa. Como decía Alfonso Guerra, en los años ochenta los más capacitados se inclinaban por la política y ahora los más capacitados rechazan la política, se van a lo privado. Y entonces los mediocres, la mayoría de los mediocres, son los que se meten en política. Yo creo que esos dos factores juegan, porque el mediocre en último término quiere tener  su sueldecillo, convertirse en funcionario, y ahí tenemos un problema. Y lo que pasa es que también ahora la conocemos más y eso también es otro problema.

Otro tema. ¿A tu juicio la Transición fue tan modélica como se dice o, como otros opinan, tiene grandes zonas de sombras?

La Transición fue modélica, pero dentro de las circunstancias que se daban en aquel momento. Eran unas circunstancias extraordinariamente difíciles; difíciles desde el punto de vista económico, con una inflación del veintitantos por ciento, con un paro también del veintitantos por ciento, eso por una parte; y con el movimiento obrero acuciando lógicamente y exigiendo. Y por otra parte todo el aparato franquista, que estaba ahí. En este sentido se puede decir que, como alguien dijo, Tejero hizo un gran favor a la democracia porque entró “por la tarde y se fue por la mañana” y fue como una vacuna. La enfermedad si no aparece en toda su fuerza no queda vacunada.

¿O sea, que se hizo lo que se pudo?

Sobre esto yo recomiendo, y algunas veces lo he utilizado en clase, un discurso de Tierno Galván cuando el Congreso de los Diputados aprueba la Constitución. Allí Tierno Galván hace un discurso magnífico y dice que cuando se habla de que la Constitución cierra la Transición él lo que viene a decir es que hemos hecho cambios dentro de lo posible, es decir que no hemos tenido temor pero hemos tenido miedo, miedo a una posible involución. Yo creo que, efectivamente, fue modélica en el sentido de dar la mejor respuesta en un momento difícil.

Y hubo, claro, muchas cesiones…

 Entre las cesiones que hubo que hacer a la derecha fue que una modificación de la Constitución fuera extraordinariamente difícil. Mover ahora el artículo II que habla de las comunidades autónomas, las regiones y las nacionalidades o modificar todo el capítulo que se refiere a las comunidades autónomas, cómo se accede a la autonomía, para hacer eso hay que aprobarlo en el Congreso con mayoría cualificada, aprobarla en el Senado, disolver las cámaras, hacer una nueva legislatura y la nueva legislatura tienen también que ratificarla Y eso es muy difícil.

¿Y cual sería el balance?

Efectivamente ha dado unos años de prosperidad, pero entonces todos decíamos que la Constitución no era una meta sino que era un punto de partida. Y si es un punto de partida tiene que contemplar la posibilidad de ser reformada, pero abrir un nuevo periodo constitucional ahora, yo no creo. Yo creo que la Constitución es válida pero necesita reformas. Entre las reformas que necesita pues ya sabemos en primer lugar todo lo del conflicto catalán y el conflicto vasco posiblemente.

Lo de regiones y nacionalidades...

¿Qué es eso de que la nación española está compuesta por nacionalidades y regiones? ¿Qué quisimos decir cuando dijimos nacionalidad? Nadie lo definió, pero para mi está claro. Para mi España no es simplemente una suma de naciones porque en España hay varias naciones, naciones culturales, naciones que tienen una lengua común, unas costumbres comunes, sobretodo una conciencia de que constituyen una nación. Una nación es una nación cultural, natural. Eso no quiere decir que necesariamente toda nación tiene que convertirse en un Estado. En EEUU, California no es ni una región ni una nacionalidad, es un estado. Y Florida es un estado, y sin embargo en ninguno de ellos pues se reclama una soberanía.

Hablabas antes de la monarquía. ¿No crees que la monarquía cada día tiene menos aceptación?

Claro, claro, pero lo que pasa es que a mí me ruboriza pensar que Aznar, y esto es una cuestión partidaria, que Aznar pudiera ser presidente de la Republica, ¿no? O Rajoy. Y muchos del PSOE. ¡Mientras no se salga del tiesto me quedo como estoy!. Yo creo que no necesariamente tiene que tocarse eso pero si una serie de cosas que hay que facilitar. Eso que quiere decir que España no es entonces más que la suma de la nación catalana, la nación tal… No. España es una nación, claro que sí, es una nación de naciones, porque España desde el siglo XV, XVI si queréis, España crea unas costumbres, una lengua, un sentimiento etc. Y es una nación, claro que es una nación. Y esa nación ha aspirado y es un Estado, dentro del cual puede haber distintas naciones.

Otros cambios que algunos pretenden introducir serían dar rango de derechos fundamentales a los derechos sociales. ¿Qué opinas?

La Constitución establece lo que son derechos fundamentales, el derecho a la educación, el derecho a la libre expresión, etc., y luego están los derechos sociales. Siempre se había considerado hasta ahora que los derechos sociales no son más que una aspiración, el derecho a la vivienda, el derecho a un salario justo, es decir combinar la planificación económica que sería como más estatal, con una economía de mercado, de libertad de mercado. Algunos como Podemos dicen que esos derechos, como el derecho a la vivienda, son tan fundamentales como los otros, y pues es verdad, vamos a cambiarlo; y considerar algunos de esos derechos igual que los otros, pues seguramente habría que pensarlo y extenderlo a algunos de ellos. Por lo tanto, para mi la reforma es imprescindible, la reforma en una serie de aspectos, como el de la integración en Europa. ¿Qué significa estar en Europa? Ahí la Constitución no dice nada. La Constitución no dice ni cuantas comunidades autónomas hay, todo esos son, entonces, temas a desarrollar.

Y luego está el tema del Senado…

El Senado empezó siendo un apaño porque la UCD planteó que una cámara solo si yo tengo mucha gente comprometida y dónde los meto, dónde los coloco. Sin embargo, en la Constitución, antes de aprobar la Constitución, el Senado cuando se crean las cámaras el Senado es otra cosa. El Senado cuando veta una ley la discute y sí introduce modificaciones no pasa como después que vuelve al Congreso y el Congreso dice no, no y no; entonces se creaba una comisión mixta Congreso-Senado para que discutieran las modificaciones que introducía el Senado, incluso en la propia Constitución; yo creo que llegó a constituirse esa comisión mixta porque el Senado introdujo unas cuantas variantes, llego a crearse una comisión mixta entre diputados y senadores para ponerse de acuerdo. Es decir que el Senado tenía un cierto sentido, pero después ninguno. Después una cámara de segunda lectura, que lo que hace es,  lo único en que puede tener cierta gracia y tampoco es en la realidad, en el control del gobierno porque normalmente los problemas candentes ya los ha planteado antes el Congreso y es una repetición. Si tu lees las intervenciones de senadores después de una ley importante que el Congreso ha necesitado tres meses para debatirla y ¿qué tiene que hacer? Pues leerse las intervenciones del Congreso y casi repetirlas, y eso no tiene sentido. En cambio, el Senado como lo define la Constitución, una cámara de integración territorial, sí. No tiene sentido que en Alicante elijamos a cuatro senadores, eso no tiene sentido. Tiene que ser una representación, a lo mejor de 80-100 personas, representante de cada uno de los territorios, para ponerse de acuerdo en qué reclaman y que ceden al Estado y nada más que eso, que es como está en Alemania. O sea, que el Senado habría que cambiarlo, convertirlo de verdad en una cámara de organización territorial.

¿Cuál es tu opinión sobre Podemos? ¿Crees que puede romper el bipartidismo?

Yo creo que la derecha estará siempre representada por una derecha democrática, por una derecha radical, por una extrema derecha y luego habrá una socialdemocracia. Yo creo que eso va seguir igual. Entonces, ¿qué ocurre con Podemos? Mirad, si lo miro con ojos socialistas, desde mi perspectiva socialista, para el partido socialista lo mejor que puede ocurrir es que en Podemos triunfen al final las tesis de  Pablo Iglesias. ¿Por qué? Porque al que se va a tragar es a Izquierda Unida pero no va a tener nunca el apoyo mayoritario de la clase media para ser quien sustituya al partido Socialista.

¿Y si al final de todo el proceso se impusieran las tesis de Errejón?

En cambio, como socialista, me da más miedo Errejón. Porque si Errejón se hiciera alguna vez con la mayoría, Errejón sí que se come el electorado del Partido Socialista. Entonces, seguiría habiendo, creo yo, una derecha y una socialdemocracia, pero, posiblemente no con el Partido Socialista.

¿Y para el país, qué sería mejor?

Para el país sería mejor que ganara Errejón. Y el partido socialista que espabile, sino su papel lo ocupará Podemos.

Pero, y el PSOE, ¿qué le pasa al partido socialista?

Yo creo, que el partido socialista se ha fosilizado. Yo conozco a algunos dirigentes de distintas regiones y es gente que entró en el partido socialista cuando tenían 18 años, como la propia Susana Díaz, que dice yo estoy en el partido socialista desde las Juventudes Socialistas, a los 18 años... Desde entonces, esa mi experiencia política. Esta experiencia política no me vale para nada. Soy más partidario de lo que decía el expresidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, que, a lo bruto, decía que no debería ocupar ningún cargo socialista aquel que no haya cotizado como mínimo 15 años a la Seguridad Social, aquel que no tenga una profesión antes. Se mete uno en política, pero tiene antes una profesión. Pero si no tiene ninguna profesión y se ha metido en Juventudes Socialistas…

Pero de esos perfiles que dices en el PSOE son muchos, muchísimos…

 Yo conozco a muchos así, de 17 años que han empezado por traer a la ejecutiva el café desde el bar, y después, han sido miembro de esa ejecutiva, concejales, representantes en Europa y cosas de esas…

Aunque eso, imaginamos, pasa también en los demás partidos…

También pasa, claro...

La profesionalización de la política. Hay gente que, como dices, fuera de la política no tienen nada, y ese es , posiblemente, un de los males de nuestra democracia…

Un ejemplo. Cipriano Ciscar fue compañero de curso mío. Desde primero ya se hizo delegado de curso y ahí sigue. Y sigue. Terminó Derecho, hizo la defensa de algún trabajador y ahí está. Ahí se acabó su experiencia laboral.

La obligada dimisión de Joan Romero como secretario general y candidato a la presidencia de la Generalitat por el PSPV, ¿fue aquél uno de los momentos más dolorosos de tu trayectoria política?

Aquella época fue un momento, por una parte extraordinariamente atractivo y por otra parte dolorosa, cuando nos hicieron a nosotros lo que los barones le hicieron a Pedro Sánchez, cuando un complejo de intereses para cargárselo porque aquello intentaba también cambiar. El Partido Socialista no es un partido de élite, tiene que ser un partido de la gente, hay que estar próximos a la gente. Por eso aquello fue para mí lo más atractivo y lo más doloroso a un tiempo. Aquel día con los carteles puestos allí…

¿Sí?                    

Y, además, una traición. No voy a decir la persona, la persona que en aquel comité de listas, se la propuso como moderadora entre los dos sectores y que se mantuvo en silencio hasta el último momento y que fue la causante, la gran causante de la derrota de Joan Romero.

¿Una traición de los propios?

Si, en la política, ya sabes que se ha definido que hay tres tipos de enemigos: enemigo, enemigo a muerte y compañeros de partido ¡Y cuerpo a tierra que vienen los nuestros!

Y de tus mejores momentos, ¿qué recuerdas?

En la política hay una cosa que yo recuerdo como extraordinariamente atractiva, que fue el año que estuve de conseller de Cultura, en el Consell preautonómico de Albiñana. Allí había un afán, que yo veía que a  partir de ahí, desde la base, sí que se construía una Comunidad, una Comunidad que iba a ser el País Valenciano, y eso fue boicoteado, fue boicoteado en parte por el propio partido socialista.

¿Siguiendo directrices de Madrid?

Claro, claro, siguiendo directrices de Guerra (Alfonso).

El “cepillador” de estatutos…

Claro, el cepillador de estatutos. Cuando se hace la Constitución y se hace la primera traducción al valenciano de la Constitución, se hace en un valenciano que ni es valenciano, ni nada. Yo propongo ir una comisión y hablar con Madrid porque eso lo editaba en Madrid, con el gobierno, porque la traducción no puede ser esa. Yo pensaba que me mandarían a mi o a algún otro, pero mandan a Ferrán Vidal, que le da igual, sigue la consigna y arreglan cuatro cositas. Pero aquello quedó así. Es decir, había intentos, seguramente, obedeciendo órdenes de arriba, de que no convenía tal cosa. Yo me acuerdo que los debates más duros, casi cruentos que tuve en el Senado, fue con motivo del tema del valenciano, y los tuve con Broseta por su relación con Las Provincias.

Y con amenazas…

De eso me refiero nada más que a dos cosas, esos papelitos que te dicen que te van a matar o cosas de estas. Recuerdo que recibí en casa uno de esos carteles que se hace recortando que decía: ”Beviá, amb l’or catalá es farà el teu enterrament”. Pero a pesar de esos hechos, aquel momento, con toda la juventud que se incorporaba a aquello, fue una etapa que hubiera sido posible realmente crear una conciencia de Comunidad. Una conciencia de que, efectivamente, los alicantinos, los valencianos y los de Castellón formamos, tenemos, unos elementos en común que nos diferencian. Eso se ha perdido.

¿Batalla perdida?

Hoy sí, está perdida. No se puede. Entonces, fíjate, se constituía desde arriba, bastaba una consellería de Cultura que ponía cuatro pesetas y un sello y los jóvenes venían para que les pusieran un sello, no les importaba y el gasto lo pagaban ellos. Crecía de abajo hacia arriba. Ahora intentar hacerlo de arriba abajo es un buen propósito pero eso tiene que ser de abajo hacia arriba. Tiene que ser muy difícil y ojalá me equivoque.

Tú estuviste más de 20 años desempeñando cargos de responsabilidad política. ¿Crees que fueron demasiados años? ¿Que habría que desprofesionalizar el ejercicio de la política?

Sí, yo creo que, a pesar de haber estado tantos años, yo creo que una medida, una medida práctica sería marcar un plazo. Eso es importante. Ahora bien, en la política tiene que haber algún profesional, eso sin duda, ¿no? Tiene que haber algún profesional, lo que pasa es que ese profesional tiene que tener una gran capacidad y desde luego no convertir su jefatura, su mandato, su liderazgo, no convertirlo en una cuestión clientelar, que es en lo que se ha convertido. Clientelar.

¿Aquí, el PSOE de Alicante, es quizás es un ejemplo de eso que denuncias?

En el PSOE de Alicante decían que había 1600 militantes, luego pasaron a 900 y ahora cuando hay una reunión si hay 500 ya son muchos. Y de esos, 300 aparecen ni se sabe dónde. ¿De dónde salen? Alguien sospecha, que yo no sé,  que buena parte de ellos son trabajadores de Ortiz,. Yo no lo sé, pero es posible. Lo cierto es que no aparecen por ningún sitio nunca, pero llega la asamblea ¡y 300! Como los 300 aquellos de las Termópilas.

¿Porque eso, además, es una forma corrupción?

Claro, claro, por eso digo que desde el punto de vista pragmático y a pesar de que yo he estado tantos años, efectivamente este límite habría que ponerlo. 

Tú fuiste uno de los impulsores en Alicante del Archivo de la Democracia.  ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Se han cumplido?

Yo creo que sí. El origen fue el siguiente: estaba de vicerrector de Cultura José Carlos Rovira y de director de la Sede de la UA en Alicante Manolo Alcaraz, que había sido diputado de la última legislatura mía en la que era presidente Trillo y yo era vicepresidente cuarto y a quien yo de broma se lo decía ¡ah! eres el único que se ha desmayado en mis brazos. Manolo Alcaraz, en uno de los plenos que yo presidía, le dio un yuyu en la tribuna. Se quedó allí y hubo que parar unos minutos.

Volvamos al origen del Archivo…

Vale… Manolo Alcaraz hacía lo que hago yo con todo los papeles, los guarda; yo tenía muchos documentos que tenía que ver con la autonomía, y nos reunimos con José  Carlos Rovira y los tres vemos que aparte de lo nuestro, pensamos que había mucha gente que debe tener papeles, documentos, de diferentes periodos de la transición hacia la democracia y que todo eso se va a perder y que son papeles interesantes. Bueno pues es verdad, nos decimos. Pero, entonces. ¿qué vamos hacer? Y decidimos hacer esto del Archivo a ver si recordamos la memoria democrática a diferencia de la memoria histórica. Y entonces empezamos allí a hacer propaganda y papeles. Así se inicia todo.

Casi una reunión de amigos…

Esto se constituyó en el mes de abril y en diciembre ya organizamos una pequeña muestra. Ya teníamos documentación de 10 o 12 donantes y entre esos 10 o 12 algunos eran muy curiosos, por ejemplo recuerdo a Mariano Sánchez Soler, que había estado en el FRAP y que había estado en el partido socialista, siempre un incordio donde había estado, y que era de un activismo tremendo, se pasó durante la Transición recogiendo las pegatinas y colocándolas como un filatélico que las va pegando.

¿Algunas aportaciones más del principio?

 También cogimos en la Asociación del Teatro Independiente, que había funcionando en Alicante y que llevaba Luis de Castro y que se había disuelto porque ya no tenía mucho sentido, pero Luis tenía toda la documentación, desde los libros de los ingresos hasta todos los carteles de las funciones de teatro. Hablamos con él y estaba todo en cubos de la basura, en bolsas negras de basura, que se hubieran perdido. Y así todo. En Alfaz del Pi recuerdo también que rescatamos una colección de una revista de La Marina del cubo de la basura donde ya la habían tirado.

Casi una labor de orfebre…

Sí. sí . Y es verdad que se ha ido reconstruyendo con la memoria de uno y de otro, encajando y completándolo todo, La prueba está que hoy día de toda la universidad y el rector han hablado crear una cátedra de la memoria histórica y de la constituyente democrática aquí en Alicante donde puedan venir estudiantes de todos lados.

¿Algo especial de todo este trabajo que quieras resaltar?

Para mí si hay algo por lo que ha valido la pena, una sola cosa, yo diría que ha sido la recuperación de un libro único de Eliseo Gómez Serrano.

¿Eliseo Gómez Serrano? Cuenta, cuenta…

Eliseo Gómez Serrano es el abuelo de Eliseo Gómez, que es, me parece, traumatólogo. Eliseo Gómez Serrano era de Esquerra Republicana. Era catedrático y director de la Escuela Normal de Magisterio de Alicante. El y su mujer, que estaban en Izquierda Republicana, eran una familia de derechas liberales y desde luego republicana y contra la monarquía. Y fue concejal de Alicante por Izquierda Republicana y ya después, en el año 36  cuando se crea el Frente Popular, él forma parte de los diputados de Alicante por el Frente Popular pero como Izquierda Republicana. Y entonces él, durante la guerra civil, escribió en unos cuadernitos que eran las tapas como de hule y con una letra de pulga, iba escribiendo día por día todo lo que el reflexionaba sobre lo que estaba ocurriendo. Pues bien, todo eso se habría olvidado si una hija suya, Blanca, que fue profesora de Física y Química y estuvo en la universidad y vive todavía, no hubiese venido un día y me hubiese dicho: Pepe, al oír eso del Archivo yo tengo idea de que en mi casa, aunque nunca hemos hablado de esto, que mi padre  tomaba notas sobre la guerra y tenía una especie de diario…Y ella no sabía si era mucho o no pero no sabía dónde estaba, y me  dijo que iba hablar con su sobrino, con Eliseo Gómez. Y aunque este no hizo nada, cuando fallece sus padres, cuando fallece su madre que vivía  en un chalé en la Condomina, él descubrió en el trastero dos o tres bolsas negras de basura y me dijo: yo las hubiera tirado pero al decirme mi tía esto empecé a mirar y allí me encontré 13 14 cuadernillos desde el primer día de la guerra civil hasta dos días después del final.

¿Vamos, toda una joya?

Si, una joya. Y eso lo pudimos editar. Paco Moreno es el que hizo la transcripción pues había alguna hoja que estaba  casi rota pero se pudo reconstruir bien y se pudo publicar. Y ahí tenemos una visión de un hombre republicano que cuando acaba la guerra tiene toda la oportunidad para marcharse y se dice pero si yo no he hecho nada mal a nadie… Pues acaba la guerra a finales de marzo, el día 4 de abril lo detienen y el día 3 o 4 de mayo lo fusilan.

 ¿Qué cuenta en esos últimos días?

Lo fusilan, sí… Eliseo Gómez Serrano explicaba los últimos días, terminada la guerra, que estaba preocupado por las hijas, los hijos son muy pequeños, para que me voy a ir si yo soy amigo de todos Y lo fusilaron. No fusilaron el director de la escuela de Magisterio, era importante cargarse aquellos que tenían alguna resonancia.

Y que podía ser maestros de otros…

Sí , claro, y por eso digo que haber publicado eso, haber recuperado eso, para mí salvaba el Archivo de la Democracia, porque es un libro magnífico donde él expone sus ideas y es crítico también con los suyos. Él ya lo dice: vamos a perder la guerra, no por Franco, sino por la CNT. Esa era su idea, republicano pero de derecha, liberal entonces, con su actitud contraria absolutamente a Franco y al golpe de estado de Franco.

¿Crees que el Archivo ha recorrido ya todo su camino  o quedan cosas por hacer?

Seguro que queda mucho. Yo creo que todavía queda mucho. En primer lugar no solamente por el documento, sino por la relectura. Cualquier documento en cada momento tiene una relectura distinta. Tú coges la novela que leíste hace 15 años, la vuelves a leer y posiblemente te dice cosas muy distintas. Tú coges una de esas cosas que alguien ha entregado allí y que se ha digitalizado y puedes ver perfectamente la página y puedes hacer una relectura.

Una curiosidad, ¿cuánto tiempo llevas jubilado?

Pues mira tengo 83 años y me jubile a los 70; o sea que llevo 13 años jubilado.

Jubilado de aquella manera…

Si, bueno, jubilado de ser funcionario, de no poder dar una clase reglada en el instituto, y no poder dar una clase reglada en la universidad.

¿Qué nos dices de la Universidad Permanente?

Para mí lo de la Universidad Permanente ha sido el regalo más grande de mi vida. No solamente por poder dar clases, que eso, bueno, me seduce, cómo no va a seducirme, pero me han estimulado. Desde mi jubilación, el gran regalo ha sido la Universidad Permanente porque me ha estimulado a trabajar ese mundo que yo había tratado solo muy superficialmente, el mundo griego, concretamente el mundo griego es lo que yo he trabajado en estos años. Es decir, yo mi mejor trabajo lo he hecho una vez jubilado.

(*) ENTREVISTA REALIZADA POR MAYMECO, EL OBSERVATORIO DE MAYORES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA UNIVERSIDAD PERMANENTE DE LA UA

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