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20D: nada que celebrar

PSOE20DSi la fiesta que sigue a la jornada electoral es el termómetro que mide la temperatura política de un país, la del 20-D fue una noche triste y tirando a fría. Ni fiesta, ni cava. Durante las largas horas del recuento que siguieron al cierre de los colegios electorales apenas sí pudieron verse escenas de alegría no fingida. Nada que ver con los triunfos de González, Aznar, Zapatero o Rajoy. Lo que se prometía histórico, para unos o para otros, resultó convertido en una especie de thriller desasogante. 

En el PP no estaban para jarana alguna. Ganaron, sí, pero las cuentas no les salen ni con Ciudadanos de muletilla fiel. Y son conscientes de que encontrar más y suficientes amigos en el camino les va a costar lo suyo. En el PSOE, su líder, Pedro Sánchez, prefirió tapar la profunda herida con una huida hacia delante y ya anuncia que quiere comandar la nave en el futuro. Sus magros resultados –los peores de las siglas socialistas en democracia- le dejan en una disyuntiva suicida. Sus votos solo servirían para apuntalar un gobierno del PP, con o sin Mariano Rajoy, que esa es una puerta que está abierta. Todo lo demás, Podemos, nacionalismos varios, pueden que sumen con él, pero es, o parece ahora mismo, un puzzle al que no hay manera de que le encajen las piezas.

Qué decir de Podemos. Las huestes de Pablo Iglesias intentaron forzar un rictus de celebración y fiesta, pero bien saben ellos que su éxito puede acabar siendo en el corto plazo tan nítido como inútil. Imagen. Pura imagen. Y bien que se les notaba pese a las apariencias. Puede que alguno de sus variopintos compañeros de viaje destapara alguna botella de cava -Ada Colau mismamente en Cataluña- pero no es menos cierto que su indudable éxito en escaños les deja a las puertas de la nada. Sus cinco líneas rojas programáticas –referéndum catalán, reforma que constitucionalice el derecho a la vivienda, salario digno, etc., etc…- tendrán, como el asalto a los cielos del propio Iglesias en Valencia, como el cava de la larga noche electoral, que seguir enfriándose en la nevera de los sueños.

Y qué decir del Podemos de derechas que patentara al presidente del Banco Sabadell Josep Oliu. Ciudadanos y sus Rivera boys and girls no cumplieron con la parte del guión que se les había encomendado. Su actuación ha resultado ser manifiestamente mejorable. Tan es así que acabaron quedándose en tierra de nadie. Sus 40 votos no dieron ni para el descorche de una botella de cava y sus sonrisas ante las cámaras parecieron más de plástico que nunca.

De lo demás, casi mejor no hablar. Los que no perdieron ellos solitos –entre otros, la vieja CiU travestida ahora de DyL- se lo hizo perder ese señor tan antipático llamado D’Ont con su ley de ajuste fino. Caso Alberto Garzón y su Unidad Popular, que ayer, con los votos y los escasos dos escaños en la mano, ya hablaba de volver a la casilla de salida. 

Ya digo. La fiesta -para unos o para otros, que en eso ya se sabe aquello de los barrios- parece que  no solo fue esquiva para todos, sino que se hizo de rogar. Pues eso, nada que celebrar. En twitter @plopez58

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