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Tras el 20D (II): IU, de derrota en derrota hasta la derrota final

Alberto Garzón, el candidato de Izquierda Unidad-Unidad Popular en las elecciones del 20DSe diría que a Izquierda Unida le importan más los libros de historia que la gente. Este 20D, así lo dicen los votos, tuvieron la oportunidad de ser decisivos en el cambio de signo de los tiempos, pero decidieron, metáfora actualizada de una Numancia del s. XXI, resistir y ser fieles a la causa y a las esencias. Ahora solo les queda contabilizar víctimas y relamerse las heridas en la duda de si habrá nueva batalla por librar.

La historia, posiblemente, les será indulgente por haber guardado los principios de la izquierda social bajo las siete llaves, pero hoy, unos días después del 20D, cada vez se alzan con más fuerza voces de fuera y de dentro de la propia Izquierda Unida (ahí aparece de nuevo en escena Julio Anguita o el caso del candidato de IU en las autonómicas Valencianas Ignacio Blanco en el eldiario.es titulado Autocrítica) que no entienden cómo no fue posible lo que era evidente que debía ser posible. Entonces, la pregunta a la que deben, o deberían, contestar más allá de buscar fuera responsables y culpables no es otra que esta: ¿Mereció la pena? En ese fatigoso proceso parecen andar, otra vez, sus líderes.

Y es que a poco que miremos, leamos, escuchemos, vemos que lleva los dirigentes y los militantes de Izquierda Unidad siguen buscando fuera unas explicaciones al desastre del 20D que solo están dentro. En esa tarea infructuosa de culpar a Podemos y a la ley electoral, y al tal D´ont, como causas de todo mal se ocultan a sí mismos la realidad: que hasta el mismo día de las elecciones seguían en el espejismo de la realidad del cinco por ciento y del grupo propio, como si eso en sí mismo, incluso si lo hubieran logrado, significara algo y condujera a algún sitio mejor del que están.

Se le den las vueltas que se le den, los resultados del tablero electoral en su parte izquierda han sido los que han sido: PSOE,  5.530.693 y noventa diputados; Podemos,  5.189.333 votos y 69 diputados e Izquierda Unida, 923.105 votos y dos diputados. ¿Injustos? Por supuesto. ¿Trágicos?, claro que sí. Pero eso ya lo sabían ellos cuando aceptaron las reglas de juego y se presentaron otra vez llenos de ideas pero desnudos de realidad.

Se sabe, y casi todos se lo reconocen, que tenían un gran candidato, Alberto Garzón; que, además, caía bien hasta a sus no votantes, con un porcentaje de rechazo menor que el de otros líderes de la izquierda; se sabía que sus ideas y su programa era compartido por una parte no menor del electorado que optó por Podemos y las “candidaturas del cambio”, como es reconocido igualmente por muchos que hicieron la mejor de las campañas posibles en las redes sociales… Y saben, sabían por experiencia tras las municipales y las autonómicas, que cuando han buscado aliados y han cuajado las candidaturas han logrado vencer resistencias y alcanzar el poder en muchas ocasiones, pero que solos estaban condenados al fracaso. Todo eso, ya digo, lo sabían. Entonces, ¿qué pasó?  Si no son capaces de responder de forma acertada y generosa a esta pregunta posiblemente volverán a cometer el mismo error en nada que la ocasión lo procure. Volverán a perder más batallas heroicas. Y si eso ocurre es muy posible que queden exonerados en los libros de historia, pero también es muy posible que pasen a ser irrelevantes en la vida de las personas en el futuro inmediato de este país. Más, incluso, de lo que ya son tras este 20D. ¿Es eso lo que quieren?

La historia, ya se sabe, guarda en letras de oro los pasajes de aquella ciudad heroica que todos conocen. La de esa pequeña población que se enfrentó a todo un Imperio. Numancia, la insumisa. Numancia, la irredenta. Sus habitantes lograron repeler a las tropas romanas en varias ocasiones; ni asediadas cedieron durante un largo periodo de tiempo, y solo el hambre y la enfermedad y tras 13 meses de asedio, lograron derribar las puertas de la ciudad. La soriana Numancia cedió y sus  menguados habitantes (la mayoría habían muerto ya) decidieron entregarse como esclavos al invasor o suicidarse antes de la afrenta de caer en manos enemigas.

Habrá quien, pese a todo, crea que mereció la pena y que la heroica resistencia numantina de entonces y de Izquiera Unidad de ahora lo justifica todo, incluida la de librar una guerra tan desigual. Y esta, la de ahora, y no lo digo yo, lo dicen los prebostes del neoliberalismo, es otra guerra. Así que si de resistir se trata… En twitter @plopez58

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