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El doble crimen de Chaves y Griñán

¿Son Manuel Chaves y José Antonio Griñán dos cuatreros más que sumar a la larga ristra de podredumbre y asaltadores de caminos y haciendas ajenas de los gurteles y las púnicas que asolan el país? Posiblemente no lo son. Pero eso no basta. No debería bastar. Entonces, ¿por qué al PSOE le han templado las piernas y los cimientos al verse en la grave disyuntiva de tener que defender su honra sabiendo que en esa decisión está el cáliz y el veneno de su propia perdición?

En las horas que siguieron al procesamiento judicial de los dos expresidentes de Andalucía una catarata de reacciones periodísticas y políticas de gran calado –Felipe González, Susana Díaz, entre otros...- han salido en tromba para defender su honradez –la de Chaves y Griñán- como elemento claramente diferenciador con la corrupción sistémica del PP. Pero, ¿basta con eso? ¿Basta que ellos dos no se hayan llevado un duro de los EREs para poder tener el derecho a ser defendidos como lo están siendo? Posiblemente no. No debería bastar.

En esquema, reducido, puede que en todo este chusco asunto de los EREs Chaves y Griñán puedan ser finalmente incluso declarados inocentes de los delitos de prevaricación y malversación de los que están acusados a día de hoy. Eso dependerá de los vericuetos de la justicia, de la pericia de sus abogados en buscar las agujeros de las leyes, de la inconsistencia de las pruebas aportadas por la investigación judicial, pero eso, seguramente, no quitará un gramo de gravedad al asunto de fondo, a la gravedad del caso: en este tema, ambos son responsables de haber permitido la perpetuación del sistema de nepotismo y caciquismo que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a Andalucía.

En esta hermosa tierra del sur de este país, el PSOE tenía el reto y el deber histórico -lleva gobernando alli desde hace casi 40 años- de cambiar la imagen de esa Andalucía, de poner las bases que la alejaran de lo peor de si misma, de las cadenas del señoritismo y el caciquismo que decidían a cada momento y en cada circunstancia quién tenía la fortuna de poder trabajar ese día en la finca y quiénes no. Son éstas imágenes, tópicas si se quiere, pero también reales, imágenes que atraviesan su literatura, su cine, su historia y que la han mantenido encadenada y que tanto lastran su capacidad de futuro, las que ahora se nos aparecen tras el caso de los EREs. Y este es, posiblemente, el gran problema de fondo.

¿Es el señorito, el que vive tranquilamente en su cortijo, culpable de que los capataces que enviaba a la era y a la plaza del pueblo a señalar con el dedo quienes iban a trabajar ese día en su finca y a quienes el destino solo les tenía reservado el volver a intentarlo? Seguramente, directamente, no lo era. Él, representaba el papel que la historia le había reservado. El del buen cacique, pero era él al final de toda esa cadena infernal de poder y decisión quien se beneficiaba del sistema. Han sido aquí Griñán y Chaves quienes cada nueva elección recontaban los votos que les permitían seguir siendo ellos presidentes. Han sido Griñán y Chaves quienes han permitido la perpetuación en una parte de la administració que ellos gobernaron ese sistema tan arcaico e injusto.

De eso, de ese doble crimen, que no sé si está contemplado en las leyes de la democracia, sí puede que sean culpables los dos expresidentes. De no haber hecho lo suficiente para alejar a su tierra, Andalucía, de sus peores demonios, aquellos que impedían que mérito y capacidad marcaran el camino de su gente y de haber permitido, por acción u omisión, que caciquillos sin escrúpulos, aprovechados vacuos, de formas chulescas y de verbo florido, hayan cabalgado como auténticos capataces por las administraciones por ellos dirigidas. De modo que, ¿honrados? Puede que sí.  ¿Y culpables? Puede que también. Aunque ellos, personalmente, no hayan metido la mano en la caja. De eso se ocupaban otros. Ese ha sido su doble crimen. 

El noticiero

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