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Cinco preguntas a propósito de la nueva censura

 

"Se ha impuesto una nueva censura" es el título del debate que tuvo lugar lugar pasado viernes 19 de mayo en la Sede de la UA organizado por la Asociación Controversia que preside Carmen Sánchez Brufal, y en el que participé junto a la también periodistar Caterina Ferrero. El objetivo del mismo era tratar de reflexionar juntos sobre las nuevas censuras que parecen estar imponiéndosenos en los últimos años a la par de las políticas de recortes. Mi aportación al debate está resumida en las cinco preguntas/reflexiones siguientes, marco que me sirvió de esquema para lo allí expuesto, en tanto que la intervención de mi compañera Caterina Ferrero se aportaron un gran número de datos judiciales, profesiones, etc., sobre estas "nuevas censuras", informe que se puede leer al completo en este enlace: La nueva censura y el control social. 

-Cuestión número 1. La Intolerancia.

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Parece claro. La intolerancia se ha adueñado del discurso. Vivimos cada vez más en un mundo dual. De blancos y negros. Sin espacio para los grises, para la conversación pausada. Nos gana el grito y el insulto. Somos, o nos  quieren, de Susana o de Pedro. Tendemos a pensar que feminismo es lo contrario a machismo. O eres del Barça o del Madrid. La 13 o La Sexta. Los grises, los matices, tienen mucha dificultad para abrirse camino. Preferimos las dualidades. El Brexit. Le Pen. Trump... Es un camino peligroso donde la censura y la posverdad pueden hacerse fuertes, donde el peligroso mensaje de buenos y malos, de los nuestros…, en general, se abre camino sin dificultad. Estamos en el insulto, en la descalificación, en el griterío, antes que en la razón, en el debate sosegado. Parece que reclamáramos la vuelta de la Inquisición para quienes no piensan como nosotros y la plena indulgencia para cualquiera de los nuestros aunque insulte y sea un corrupto. Eso, o eso me parece a mí, eslo que hay. Y eso es muy peligroso. Muy peligroso porque es el caldo de cultivo donde se pueden "legitimar" las nuevas censuras.

-Segunda cuestión. Los peligros de las Redes Sociales.

 

Decidir esto, si las redes sociales son o no medios de comunicación, no es una cuestión menor aunque lo parezca. Y parece que hemos decidido darle tratamiento de medios de comunicación, así sin más, con todas las de la ley, cuando posiblemente no lo sean. Al menos en un sentido estricto y clásico del termino y de sus consecuencias. Y eso tiene, está teniendo, queramos o no, consecuencias sociales, judiciales y aún penales que son muy preocupantes. Lo estamos viendo a diario. Si lo pensáramos bien, fríamente, gran parte de la conversación que fluye por ellas (ya saben, Facebook, Twiiter, Instagran...) no es más que la conversación que hace unos años estaba en la barra del bar. Los desahogos, los exabruptos que vemos y leemos en ellas no son peores ni mejores que los que podíamos oír y aún oimos hoy en la barra de muchos bares no hace tanto. ¿Por qué si antes nos parecía impensable que un juez, que un policía, un guardia civil, entrase a investigar esos chistes, esos comentarios tan salidos de madre, por qué ahora aceptamos, muchos aceptan, y vemos como normal que esto suceda? Que los jueces entren en los debates de la gran sala de estar de las redes sociales tiene el aplauso generalizado, pero quizá deberíamos pensa qué son en verdad estos nuevos "medios de comunicación". Responder a esa pregunta podría aclarar muchas dudas. Pero no parece que vaya a ser este el camino que nos espera porque los propios actores no quieren y parece que les sirve el revoltivo que anda suelto por allí para perseguir otros fines menos diáfanos, confesables y democráticos. 

-Tercera interrogante. ¿Tienen siempre razón las víctimas? ¿Quiénes son las víctimas?                                           

 

Esta pregunta no es ni pretende ser una provocación. Ni es retórica. Quizás el caso de la twitera murciana Cassandra, condenada a un año de cárcel y a siete de inhabilitación para ejercer cargo público, por publicar en Twitter 13 chistes sobre la muerte de Carrero Blanco ¡hace 40 años!, sea uno de los casos más paradigmáticos de esto mismo que hablamos. De elevar a categoría y medio de comunicación un espacio público que, en realidad, puede que no sea más que una conversación entre pocos, en la mayoría de las veces muy pocos. Esperemos que algún juez o tribunal deshaga este desaguisado y despropósito judicial. Los chistes de Cassandra los hemos podido oír infinidad de veces en la barra de un bar, en reuniones de amigos, podemos estar a favor o en contra de este tipo de humor, podemos considerarlos improcedentes, pero hasta hace poco era impensable pensar que estos mismos chistes pudieran llevar a alguien a la cárcel. Y ha pasado. Un año de cárcel y siete de inhabilitación no es cualquier cosas. Por eso acordar esto, si las redes sociales son o no medios de comunicación siempre, y cuándo lo son y cuándo no, no es una cuestión menor. Y parece que hemos decidido darle tratamiento de medios de comunicación cuando posiblemente no lo sean en sentido estricto cuando son usadas por personas y ciudadanos cuya actividad apenas tiene eco social y público. Son las investigaciones judiciales, el eco de éstas en la tertulias televisivas, las que hacen que algo, un chiste por ejemplo, que apenas si había tenido unos retuits, se conviertan en un mensaje masivo. Hoy, sin esto, nadie, o casi, conocería a Cassandra. Y eso sin pensar los esfuerzos, económicos y penales, que perseguir este tipo de delitos (?) por parte de toda una Audiencia Nacional supone en el detraimiento de medios en la persecucion de la gran amenaza terrorista, del gran fraude y blanqueo de capitales, de la corrupción que asola una parte no menor del país.

-Interrogante número cuatro. La fabricación de pruebas.

 

Otro caso paradigmático y que abunda en esto mismo podría ser el de los dos titiriteros de Córdoba detenidos en Madrid y que pasaron cinco días en los calabozos de la Audiencia Nacional por orden del juez Ismael Moreno acusados de enaltecimiento del terrorismo y a los que les podía haber caído hasta 4,5 años de cárcel tras la última reforma Código Penal. Afortunadamente fueron absueltos, pero no sin antes pasar un calvario digno de una película de miedo. El caso tiene todos los componentes de un guión de terror. Una simple obra de títeres donde aparece un cartel “Gora Alka Eta” simulando la creación de una prueba falsa por parte de un policía ha gastado mucha más energía que algunos de los grandes casos de corrupción. Que estamos entrando en una deriva peligrosa no lo digo yo. Lo dice Amnistía Internacional. En su informe de 2016 acusa al Reino de España de estar vulnerando la libertad de expresión a través de la persecución de tuiteros, músicos y artistas por sus intervenciones en las redes sociales. Itém más. Desde que ETA dejara de matar, allá por 2011, y anunciara su tregua definitiva, se han multiplicado los casos y causas judiciales por enaltecimiento del terrorismo. ¿Sospechoso? ¿Alquien sigue interesado en que la amenaza de ETA siga presente? ¿Alquien está utilizando el terrorismo etarra para sacar rédito electoral? ¿Qué pasaría si todos estos medios que se destinan a perseguir titiriteros, músicos, diablillos cabreados que no tienen ni relevancia ni eco social se dedicarán a perseguir la gran corrupción? A ver si va a ser que esta otra la razón de esta deriva.

-Y quinta y última cuestión. Si unos ganan es porque otros pierden.

 

Esa es la pregunta que podríamos hacernos finalmente. Ganan ellos. Perdemos nosotros. De todo lo anterior hay un claro derrotado: Los ciudadanos libres. Cada uno de nosotros. La libertad de expresión. La intolerancia, la persecución de las ideas, del arte, etc., es el caldo de cultivo donde los fascismos en sus formas modernas anidan, donde el neoliberalismo del S.XXI puede quitarse con más facilidad la careta y puede llevar a cabo sus políticas extractivas y depredadoras contra la mayoría de los ciudadanos. Imponer estas nuevas censuras y esta autocensura difusa contra los tuiteros anónimos, periodistas, escritores, músicos, artistas, etc. es, creo, solo un medio, una herramienta más, para conseguir imponer los recortes de estos últimos años, haceer un trágala del déficit cero, de los salarios de pobreza, imponer al fin también a los directores afines en muchas de las grandes cabeceras de los periódicos de este pais como así ha sucedido sin que la protesta desborde ni a los profesionales de los medios, ni, claro, a la ciudadanía.

Y junto a esta censura líquida contra la que es más difícil rebelarse, están esas otras censuras que nos dejan sin recursos para la protesta. Está la Reforma laboral; están las condenas sindicales a los piquetes que ahora se quieren revertir; están las denuncias a medios digitales no proclives a aceptar el discurso oficial con el insano objetivo antidemocrático de acallarles por la vía de la asfixia económica (recordemos aquí las querellas del exministro de Industria José Manuel Soria contra eldiario.es); están las leyes que criminalizan la protesta como la Ley Mordaza. Y todo esto por citar solo algunos de los brochazos del gran y nuevo cuadro inquisidor que tenemos delante, un paisaje que muchas veces cuesta tanto describir porque sus bordes son precisamente movedizos y seudodemocráticos.

Por eso, creo también, es muy triste ver como desde la izquierda social y política se cae, a veces, en la trampa y se acaba aplaudiendo y legitimando estas situaciones. Es triste ver como un concejal de Ganemos en Albacete, por citar algo reciente, denunciaba a unos tuiteros que le habían amenazado. Actitudes como esta legitiman, posiblemente sin pretenderlo, la política de censura y control de la vida de la gente que los gobiernos neoconservadores quieren imponernos como forma necesaria de imponer sus políticas.

 Y por último, y como corolario de todo esto decir y reconocer que:

“La libertad de expresión está hoy, a mi juicio, claramente amenazada en nuestro país. La libertad no es un camino fácil. Nunca lo fue. Porque cuesta defenderla y porque duele, pero seguramente es el único medio que nos permitirá avanzar en los otros dos grandes objetivos que nos hagan mejores: la igualdad de oportunidades y la justicia social que hay detrás de la fraternidad. Sin ensanchar el campo de la libertad, a buen seguro, todo será un poco más difícil. Un poco más indecente. Un poco como es la realidad nuestra hoy.”

                                     

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